domingo, 20 de diciembre de 2009

A MI PADRINO CON OCASIÓN DE SU PASO AL ORIENTE ETERNO



Por: Iván Herrera Michel

El IPH:. Jaime Castilla Castilla ha pasado al Oriente Eterno el día 20 de diciembre de 2009 (E:. V:.)

Hay hombres que no pueden escoger su destino. El destino los escoge a ellos. Sus genes están formados a base de generosidad y grandeza, Una propensión indeclinable a la honestidad vive en ellos. Una recia personalidad los completa.

Jaime Castilla Castilla fue en vida uno de ellos. Su carácter de Masón integro no contó con eclipses.

Me tocó en suerte que fuera mi Padrino en la Masonería, y de su proximidad me enriquecí con la observación de un Masón que llegó a ser Gran Inspector General de la Orden en el Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia, y Gran Maestro Fundador de la Muy Resp:. Gran Logia del Norte de Colombia, por el camino de los méritos y del servicio desinteresado.

En ambas instituciones descolló con una trayectoria signada por la total ausencia de intereses personales.

Jamás se doblegó ni concilió con los extravíos morales ni con los prejuicios. Su voz recia retumbó para denunciar con firmeza lo que no estaba bien.

Hombre de pocas palabras, sabía observar y escuchar, y nunca tomaba la palabra sino era para mejorar el debate.

Ahora ha pasado al Oriente Eterno y culminada su vida corporal sigue viviendo en el recuerdo y las palabras de aquellos que hoy enarbolan sus banderas nunca arriadas de dignidad y honor.

El significado de su paso por la Masonería se encuentra precisamente en su ejemplo y reciedumbre.

Debemos ser capaces de sacar lecciones de la experiencia que ha vivido la Masonería barranquillera, para que nunca más vuelva a pasar. Y en esta tarea nadie debe excluirse.

Sería renunciar a la renaciente Masonería que hemos forjado y al anhelo de libertad, igualdad y fraternidad, sin distingos, y con absoluta libertad de conciencia, que anhelamos la mayoría.

A su esposa, Doña Martha, a sus hijas Teresa y Elsy, a nuestro Muy Q:. Hno:. Jaime Castilla Camacho, y a todos sus nietos va mi más sincera voz de acompañamiento y mis mejores votos por que sus corazones se llenen de serena resignación en estas horas de dolor.






domingo, 15 de noviembre de 2009

LOS DOS MOMENTOS DEL GABINETE DE REFLEXIONES


Por: Iván Herrera Michel

Hay en el proceso de la Iniciación Masónica un momento de soledad inesperada en un contorno imprevisto. Un espacio para la reflexión que a mí me llama mucho la atención por la entrega total y sin egoísmo a la que estimula al candidato.

Normalmente, esta situación se presenta en un recinto alejado de las miradas de los curiosos, sombrío, y de atmósfera fúnebre, que cuenta con una mesa, un banco y algo para escribir, en el que se hace permanecer un rato a la persona que va a ingresar a la Orden.

Esa estancia suele denominarse “Cuarto de Reflexiones”, “Gabinete de Reflexiones” o “Cámara de Reflexiones”, y la encontramos en los Rituales más difundidos en el mundo desde el Siglo XVII, cuando llegaron a la práctica Masónica de la mano de los alquimistas y los hermetistas, que determinaron su decorado.

La idea de la primera parte de la experiencia, es que la persona que ingrese en su interior viva un momento de meditación acerca de la frugalidad de la vida, o que tenga la sensación de estar, en palabras de José Asunción Silva, “entre lo sombrío de lo ignorado y de lo inmenso”.

Se pretende que en este primer momento el futuro Masón o Masona, despojado de su dinero y objetos de valor, cavile acerca de que su ser en sí mismo está unido a su propia conciencia.

Los emblemas funerarios y los símbolos de renacimiento que caracterizan al Gabinete de Reflexiones buscan recordar el final necesario de todas las cosas, la fragilidad de la vida humana y la intranscendencia de las ambiciones. De allí, puede surgir una persona resucitada a la vida del ser, después de la muerte de las apariencias.


E
n la soledad del Gabinete, el candidato se esfuerza espontáneamente en penetrar en lo que allí se encuentra, en deducir de que se trata todo aquello, y en tratar de comprender de antemano el objeto de la iniciación Masónica, que ordena a todos meditar sobre los problemas de la existencia humana, así como sobre la razón de esa existencia.


En un segundo momento temático de la estadía en el Cuarto de Reflexiones, el recipiendario debe contestar tres preguntas básicas sobre sus deberes para consigo mismo, con sus semejantes y con su patria, o sobre los compromisos que tiene con la humanidad, la familia y hacia sí mismo, y en algunos sectores de la Masonería, sobre sus deberes para con el Dios de su fe. Finalmente, redacta un testamento moral sobre lo que quisiera dejar de su paso por la tierra.

En mi opinión, es en esta última introspección en la que el candidato alcanza la cumbre de la invitación que hace el Gabinete de Reflexiones.

Alejado del mundo de las apariencias y de los símbolos de la vanidad, convocado a un careo con su propia finitud, el futuro Masón se esfuerza en construir, a partir de la percepción directa de su propio deber ser, un ser para otro.

Realmente, es fascinante este ejercicio Masónico de trascendencia reflexiva que se presenta en el marco de la Iniciación Masónica, así como las potencialidades que suelen desprenderse de la experiencia en una persona inclinada a la ampliación de su propia conciencia.

Afirmaba en una entrevista publicada en la revista FORUM, concedida el 21 de octubre de 2009, el abogado Bertrand Fondu, Gran Maestro (2008 – 2011) del Gran Oriente de Bélgica, una Obediencia con 175 años de antigüedad y 10.000 miembros repartidos en 109 Logias, que “la Iniciación es una magnífica experiencia. Única. A la medida de cada ser humano. Como una bella luz, o un hermoso poema, que tiene una parte de razón, de irracionalidad y de emoción”.

Y esto es algo que un Masón sabe apreciar muy bien.





lunes, 3 de agosto de 2009

EL PUNTO CRISTIANO DEL RITUAL MASÓNICO


Iván Herrera Michel, 33º


Me sorprende un Masón recién Iniciado en la Orden, con la observación que ha hecho acerca del lenguaje común que comparte la Masonería con las diferentes corrientes cristianas, en especial con la católica. Preguntándome de paso, cuales son los verdaderos puntos de contactos entre el cristianismo y la Masonería, si se trata de pura y simple semántica que las dos instituciones se han interpolado mutuamente a lo largo de los últimos siglos, o si solo es el deseo de algunos Masones cristianos de conciliar y complementarizar las dos propuestas.

No es una inquietud fácil de despejar en pocas palabras, puesto que, reconocido, en aras de la verdad, que existen términos comunes, entre la Masonería y las religiones cristiana, musulmana y judía, correspondería mirar más allá de lo anecdótico y casuístico por que y en que condiciones se ha presentado el fenómeno.

En lo primero que hay que insistir, es en que la inquietud del Aprendiz que me interroga surge en una sociedad occidental en donde la Masonería coexiste y se relaciona de diferentes maneras con diferentes modalidades cristianas desde hace varios siglos. La formulación posiblemente sería otra, si, por ejemplo, surgiera en una nación mayoritariamente budista. Al fin y al cabo, somos hijos de los tiempos y las geografías.

La Masonería moderna, llamada “especulativa”, para diferenciarla de la “operativa”, tiene como textos fundacionales guías las Constituciones de Anderson de 1723, que fueron redactadas por un Pastor anglicano y otro presbiteriano, a partir de antiguos normativas de los gremios de obreros de la construcción fuertemente inmersos en la cristiandad del Medioevo y el renacimiento.

A decir verdad, solo un documento atribuido a la Masonería previa a la de 1723, dado a la luz pública en París en 1523, contiene una clara alusión a la separación de la religión y la filosofía. Pero este documento no surgió de un gremio de obreros de la construcción (Masonería Operativa), propiamente dicho, sino de una organización más, dijéramos ahora, “especulativa”.

En estas condiciones, era muy difícil que esas Constituciones de 1723 no estuvieran vigorosamente impregnadas de cristianismo.

No obstante lo anterior, la catolización del ritual Masónico solo se da en Francia a partir de los años 1740s, a propósito de la Gran Maestría de Luis de Clemont, para señalar ciertas expresiones de hostilidad hacia el protestantismo, aunque de forma solo momentánea y superficial.

La introducción de un nuevo vocabulario utilizado (Orden, Capítulo, Venerable, Liturgia, etc.), contiene más una imitación monástica que una verdadera intención religiosa. La presencia de la Biblia en diversas ocasiones es contemporánea con los primeros usos de la Masonería “especulativa”, pero el hábito de abrirla en el prólogo del Evangelio de Juan, como al final de la misa católica, es típicamente francesa.

Todos los indicios muestran, al contrario, que en la Masonería francesa de finales del siglo XVIII, se presenta un carácter filosófico y moral que diluye las obligaciones basadas en dogmas religiosos. La presencia de la Biblia es una referencia y una evidencia para los creyentes, pero no tiene los mismos efectos en los indiferentes y los incrédulos. En realidad, se observa como a lo largo del siglo XVIII van decreciendo los rasgos más religiosos hasta que finalmente están poco presentes en los rituales franceses de 1786, lo cual se observa claramente en la literatura relacionada con la reconstitución del Gran Capítulo General de Francia del Rito Francés.

Todo esto va siendo influencia de la descristianización de amplios sectores de la sociedad en el siglo XVIII, que llevó a la iglesia Católica a incesantes acciones de recristianización en el siglo XIX. Muchos sectores de la Masonería no fueron ajenos a estos flujos y reflujos religiosos. Ni entonces, ni ahora.

Este afinamiento de una filosofía ilustrada, impregnada de racionalismo, con tonos que evocan el deísmo teofilantropico, contribuye ciertamente a modificar la concepción de los Masones en sus Logias.

La influencia del Siglo de las Luces se sobrepone así a la continuidad de la referencia al Templo de Salomón, objeto de inspiración e imitación, y también a la idea que se tiene de la antigüedad clásica, fuente de la belleza, la virtud y la sabiduría.

En las Masonerías fuertemente influenciadas por un contexto social cristiano las interpolaciones semánticas no coinciden siempre en el sesgo. Por ejemplo, en la tradicional estadounidense el puritanismo anticatólico es evidente, sobre todo en los altos grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Y por el contrario, en aquellas naciones en donde el catolicismo ha sido dominante esta influencia inclina la balanza hacia la teología católica, aún cuando se presente un cierto anticlericalismo. Por su parte, en las Masonerías con un fuerte acento racional, la terminología común permanece, pero se deja su contenido a la libre interpretación de sus miembros.

Para la Masonería liberal, las cuestiones religiosas se dejan al juicio y la conciencia individual de cada Masón y Masona, y para las que se siguen por referentes anglosajones, el tema de la religión está proscrito de sus deliberaciones junto con el de la política.

Sin embargo sería un error histórico considerar la cristianización del Ritual Masónico como solo inherente a la Masonería que se cierne en la Francia del siglo XVIII.

Es un hecho muy conocido el que la Masonería Obediencial nace en la Inglaterra de los años 1717 – 1723, aunque posee antecedentes especulativos en Escocia e Irlanda con anterioridad a esa fecha.

En Irlanda, por ejemplo, cuando en 1730 son publicadas las Constituciones de Pennel, ya se menciona el Grado de Maestro que no estaba en las de Anderson de 1723. Y cuando los inmigrantes irlandeses en Inglaterra (en su mayoría católicos) crean en 1751 – 1753, con los antiguos usos irlandeses, la Gran Logia que luego se conocería como la “de los Antiguos”, recrean el Grado del “Arco Real” que era desconocido aún por la Gran Logia fundada en 1717, conocida como la “de los Modernos” y de mayorías protestantes y anglicanas.

En resumen, y sin profundizar en este escrito sobre el origen y característica del Grado del “Arco Real” irlandés, cabe resaltar que en sus dos versiones contiene, ya sea la Leyenda de Zorobabel o la de Josias. Es decir, que se trata de un Grado vetero – testamentario, como puede ser concebida en términos generales la inspiración de la Leyenda de Hiram, igualmente en cualquiera de sus dos modalidades.

Cuando en Inglaterra, en 1813 se unen las dos Grandes Logias de “los Antiguos” y “los Modernos” es la primera la que impone su sello característico aunque se descristianiza un poco los rituales.

Por lo tanto, hay que reconocer que, en resumen, tienen mucha razón los que hablan de una impregnación cristiana de la Masonería o de una cristianización parcial del lenguaje a partir del siglo XVIII. Pero no hay que olvidar que en las influencias de los tiempos, algunos aspectos de la cultura religiosa, o la purificación por el fuego y el agua en la ceremonia de Iniciación, por ejemplo, no provienen de una intención religiosa. Algunas prácticas de los banquetes, en ocasiones, o apartes de textos que parecen discriminar a los protestantes y judíos también han sido actos pasajeros.

Todo este bagaje histórico de presencia en la Masonería de elementos católicos, protestantes y anglicanos, hace que se observe en la mayoría de sus rituales una tintura inconfundiblemente cristiana en su semántica.

No obstante, de lo anterior no se puede inferir que la Masonería compite con las iglesias judías y cristianas, o musulmanas, en experiencias o practicas religiosas, sino que contiene en su seno la diversidad civilizacional occidental.

Y en ese orden de ideas, no resulta ser competencia ni opción contraria a ellas, como a veces se ha entendido sin razón real alguna, porque la Masonería es otra cosa y se debe a fines muy distintos.



sábado, 18 de julio de 2009

PARA LEER EL 20 DE JULIO



Por: Iván Herrera Michel
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Con ocasión de cumplirse dos largos y agitados siglos de haberse roto las cadenas de oro que unían a la mayor parte de Latinoamérica con España bajo la mirada atenta de Roma, observa uno como en la península buscan villanos para explicar lo mismo que motiva, allende el Atlántico, la exaltación de héroes nacionales.
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Y como hubo Masones en ambos lados del océano, la Masonería salta al ruedo con donosura.
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Naturalmente, las perdidas coloniales españolas de 1898 constituyen un tema de otro costal relacionado solo con cubanos, borinqueños y filipinos. Y en esto, la verdad sea dicha: ni a la Masonería ni a sus Masones le cabe tanto honor ni tanto deshonor. Veamos.
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En la primera década del siglo XIX, las colonias españolas en América no querían independizarse de España sino del poder francés napoleonico afincado en España, que era un asunto muy distinto. “Es la economía!!”, diría Clinton muchos años después, apartando de un tajo el marco teórico y filosófico del asunto.
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Para nosotros, los criollos, ser españoles de segunda era más que ser amigos de los franceses, pero en verdad nuestro sueño dorado era ser ingleses. Eran más ricos, más elegantes, mejor hablados y nos trataban mejor. El Reino Unido nos prestaba dinero y militares irlandeses, mientras que los otros nos quitaban los primero.
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Los argentinos fueron los que más cerca estuvieron del sueño de ser ingleses, hasta que el IV Congreso Sionista de 1903 ordenó la emigración masiva de eslavos del norte de Europa de religión judía a su territorio para fundar en esta “Nueva Tierra Prometida” el estado confesional de Israel que después se creó en Palestina. La Declaración Balfour, que es un breve texto publicado en 1917 en el que el Reino Unido se declara favorable a los planes sionistas de creación de un hogar nacional judío en Palestina, los salvó. Después, vendría para los argentinos un tsunami de italianos, seguido de un chaparrón de ingleses, una lluvia de alemanes y un rocío de árabes. Por ese camino, terminaron en calidad de tri, tetra y hasta penta étnicos, pero siempre semieuropeos, al fin y al cabo.
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Volviendo al asunto inicial de este escrito, tenemos que las “Juntas Revolucionarias” americanas creadas de 1808 a 1812, que posaban de libertarias, siempre que daban el grito de independencia invitaban al Rey Fernando VII a venirse a vivir entre nosotros, y eran promovidas por "Comisionados Regios", americanos de nacimiento, que venían desde la península, especialmente de Cádiz, a cuidar los intereses de los borbones españoles.
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En Colombia, este Grito de Independencia y ofrecimiento de residencia se dio el 20 de julio de 1810, y la lealtad al "augusto y desgraciado Monarca don Fernando VII" llegó al extremo de "puesta la una mano sobre los Santos Evangelios y la otra formando la señal de la cruz" se juró "derramar hasta la última gota de nuestra sangre por defender nuestra sagrada religión Católica Apostólica y Romana y nuestro amado Monarca Don Fernando VII". Sin embargo, Don Fernando - llamado el Rey Deseado por unos, y el Rey Felón, por otros - en vez de partir de Bayona a Santa Fe de Bogotá, luego de su liberación, viajó a Madrid. Mala cosa para nosotros.
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Al parecer todos esos Comisionados Regios, así como la mayoría de sus colaboradores locales eran Masones aunque nadie sabe a ciencia cierta en donde se iniciaron muchos de ellos, a no ser que lo hubieran hecho en las famosas Logias militares de las que queda muy poca memoria.
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Habrá que pedirle al Padre jesuita estudioso de la Masonería José A. Ferrer Benimeli, que nos ayude en esto.
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De allí en adelante, nos sucedió que una vez en contacto con la libertad, conocidos los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y probadas las mieles del ser propietario del negocio, ya le resultó imposible a Don Fernando recuperar la patria potestad y la curaduría sobre nosotros. Pero, antes de resignarse a la pérdida, nos mandó un Masón para que nos “Pacificara”.
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De la resistencia criolla a la "pacificación" surgieron de 1813 a 1825 los Miranda, Bolívar, O´Higgins, San Martín, etc. Todos Masones "afrancesados" (el término es de la época), que con sus redes Logiales, y el apoyo de Masones irlandeses e ingleses, terminaron sustituyendo las instituciones coloniales españolas por las republicanas, a la manera de las de Estados Unidos. Era la Masonería vinculada a la geopolítica de la época, de lado y lado.
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Ahora si fue muy importante para los latinoamericanos defender el enciclopedismo francés y promover el librecambismo inglés. Es que, a decir verdad, a un latinoamericano solo lo entiende otro latinoamericano.
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Son dos momentos políticos distintos en menos de 20 años. Y los Masones en cada uno de ellos se reunían para tratar cosas totalmente opuestas a las del otro grupo. Por que en realidad no eran los mismos Masones (Ni en persona ni en ideología). Los primeros erán monárquicos y los segundos, republicanos.
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La razón de orden práctico de este cambio de personajes descansa en el hecho contundente de que la pacificación española ahorcó y/o fusiló a la mayoría del primer grupo. Por eso, siempre hemos pensado que mal hace España ahora achacándole a la Masonería la perdida de las colonias americanas a principios del siglo XIX, ya que la diligente pacificación de estas tierras corrió a cargo de Masones de la talla del General Pablo Morillo y el Coronel José María Barreiro, que eran de los que cargan el Mandil en sus maletas de viajeros.
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Prueba de lo anterior, es que en 1820, después de perder la Batalla de Boyacá, con que se selló la independencia de Colombia, Barreiro le envió su Mandil Masónico al General patriota y también Masón Francisco de Paula Santander, a la sazón, Venerable Maestro de la Respetable Logia "Fraternidad Granadina" con sede en Santafé de Bogotá, junto con una suplica por su vida. De nada sirvió el recurso fraternal ya que fue fusilado junto con el resto de prisioneros.
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Consolidada la república, los Masones de América latina se congregarían en torno a los partidos políticos, sobre todo a los que se guiaban por el liberalismo español de entonces con fuertes acentos jacobinos. De ahí en adelante, en la Masonería latinoamericana fue muy importante el Gran Oriente de Francia, y esta región fue liberal en Masonería, excepto en el tema de la mujer que aún no termina de resolverse ni aquí ni allá.
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Arrancado el siglo XX, fuimos entrando paulatinamente en la regularidad anglosajona de USA ante la perdida de influencia de la Masonería liberal europea por las guerras mundiales y el arrastre norteamericano de un siglo que terminó siendo norteamericano. Y la iglesia católica seguía en el medio de todo. Ahora estamos tratando de "desregularizanos" y volvernos progresistas. Y aunque las cosas marchan bien, no van tan rápido como quisiéramos, aunque está claro que está ingresando a las Logias una nueva generación de Masones y Masonas con unos nuevos paradigmas de cohesión e igualdad social.
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Dos siglos después, de nuevo han partido hacia latinoamérica las naves españolas del BBVA, Fenosa, Planeta, Santillana, Telefónica, etc., que reemplazan a la Niña, la Pinta y la Santamaría, para restablecer los flujos de oro hacia la península. Hasta ahora les ha ido bien, aunque un mexicano de origen libanés, Carlos Slim, y una treintena de milmillonarios en dólares, están reeditando la doctrina Monroe: América para los Americanos, y luchan por arrebatar parte de un mercado que ya cuenta con cerca de 170 mil millones de dólares de inversión de España en latinoamérica.
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Mientras tanto, ni los ingleses ni los estadounidenses son Masones ni independentistas, ni los Masones criollos andan en plan libertario, y nuestros lideres regionales ya no se inspiran en la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, sino en los editoriales de “The Economist”.
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De seguir así, dentro de otros dos siglos no habrá ni palmas ni rechiflas para ningún Masón, y si mucho incienso para aquellos billonarios latinoamericanos que están apareciendo en las revistas “Forbes” y “Fortune”.
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Mala cosa.



martes, 23 de junio de 2009

A PROPOSITO DE LOS SOLSTICIOS


Por Iván Herrera Michel

De acuerdo con Wikipedia, el diccionario de moda y más consultado de la actualidad, “Solsticio es un término astronómico relacionado con la posición del sol en el Ecuador celeste. El nombre proviene del latín “solstitium”(sol sistere, o sol quieto)”. La idea central que evoca la etimología de la palabra es que el sol al terminar su aparente viaje en el firmamento hacia el norte y hacia el sur, y encaminarse en sentido contrario, parece estar quieto. Naturalmente, esto es solo un efecto óptico.
Para el área ecuatorial en donde está ubicada Colombia, el fenómeno no reviste mayor importancia practica en el ciclo de lluvias y sequías que caracteriza al trópico. Pero al sur y al norte de la Tierra, dada la oscilación del planeta, como consecuencia del impacto de un meteorito hace muchos millones de años, la mayor o menor exposición al calor del sol determina las estaciones y todo lo que ellas conllevan. En esto es que radica la relevancia de los solsticios.
Cuando el sol llega a su solsticio de verano el 21 de junio en el hemisferio norte y el 21 de diciembre en el sur, los días comienzan a parecer más cortos, dado que el día paulatinamente va a tener cada vez menos luz solar. A la inversa, cuando el sol llega al solsticio de invierno el 21 de diciembre en el norte y el 21 de junio en el sur, el día parece contar cada vez con más luz.
Por esta razón, al presentarse el solsticio de verano algunos pueblos de la antigüedad acostumbraban a lamentar el triunfo de la oscuridad (la muerte y todo lo que sobre el cielo y la tierra puede ser considerado malo) sobre la luz (la vida y todo lo que pudiera ser considerado bueno), y a partir del de invierno celebrar el triunfo de la luz sobre las tinieblas. Un paso alegórico más adelante los llevaban a celebrar la victoria de lo bueno sobre lo malo.
Es en este sentido que la Masonería adopta los solsticios como símbolos. En lo personal, yo prefiero el solsticio de invierno por representar el camino que debe emprender un Masón en su esclarecimiento y perfeccionamiento personal, y en la cada vez más ampliada visión sobre los fenómenos que tiene ante sus sentidos y su reflexión personal. Es el viaje de la oscuridad a la luz lo que me atrae, el trabajo para disipar las tinieblas y el combate activo contra la ignorancia, la ambición y la hipocresía.
Sin embargo, reflexionar sobre el triunfo temporal del mal sobre el bien, que representa el solsticio de verano, y su final derrota a mediano plazo, no es poca cosa.
De allí, que reunirnos los Masones con ocasión del solsticio verano es un motivo más para la construcción personal y social en que estamos empeñados.
Por lo tanto, sea bienvenida la citación al Taller.

viernes, 3 de abril de 2009

La Masonería ante la Crísis del Medio Ambiente

Por Iván Herrera Michel

Palabras pronunciadas el día 28 de marzo de 2009 (E:. V:.), en el Or.. de Iquitos, República del Perú, en el Coloquio internacional que sobre la Crisis del Medio Ambiente se desarrollo en el marco de la celebración del 32º Aniversario de la Gran Logia Oriental del Perú, en el auditorio principal del "Centro de Referencia e Información de Suelos de la Amazonía Peruana" (CRISAP), del 27 al 30 de ese mismo mes, que reunió a Grandes Maestros, Grandes Maestras y Soberanos Grandes Comendadores del REAA de Perú, América y Europa.

 Muy Resp:. Y Ser:. Gran Maestro Walter Vargas Portocarrero, de la Gran Logia Oriental del Perú,

Ven:. Hno:. Jorge León Cabrera, Presidente de la Confederación de Grandes Logias Masónicas del Perú – CONFEGLOMAS,

Ven:. Hno:. Jorge León Cabrera, Presidente de la Confederación de Grandes Logias Masónicas del Perú – CONFEGLOMAS,

Señor Presidente de la Confederación Interamericana de Masonería Simbólica – CIMAS -, Muy Resp:. H:. Elbio Laxalte Terra,

Distinguidos Dignatarios de la República del Perú,

Muy Respetables y Serenísimos Grandes Maestros y Grandes Maestras Peruanos y Visitantes de Europa y América,

Dignidades y Oficiales de la Masonería Peruana y Representantes de Grandes Logias y Supremos Consejos de Europa y América,

Queridos Hermanos y Queridas Hermanas,

Ciudadanos peruanos que me han honrado con su amable acogida,

Señoras y señores que nos honran con su presencia,

Reciban ante todo, un fraternal y cálido saludo de este Masón latinoamericano que ha venido de lejos para darse el gusto de saludarlos personalmente recorriendo los legendarios caminos del evocador Tahuantinsuyo Inca, dentro del marco de los festejos del trigésimo segundo aniversario de labores Masónicas de la Muy Resp:. Gran Logia Oriental del Perú, con sede en el Oriente de Iquitos, en la tierra de los Boras ubicada en pleno corazón del ecosistema amazónico.

 Permítanme, por favor, comenzar estas cortas palabras confesándoles que yo podría tener sólidas razones para creer a pie juntillas que el majestuoso espectáculo de la vida, que hoy se impone arrogante ante nuestra vista, es tan sólido que es imposible que esté en peligro por cualquier cosa que nosotros pudiéramos hacer.

Me explico mejor: yo acabo de hacer un viaje fascinante desde el azul inmenso e interminable del Mar Caribe colombiano hasta el verde intenso y profundo de la Amazonía peruana.

 De tal forma, que es un poco contraevidente para mí concluir que esta exuberante fiesta de la vida que nos rodea estuviera en peligro por unas cuantas chimeneas, por unos cuantos cultivos, por unos cuantos desarrollos turísticos, y por unos cuantos etcéteras.

 Es decir, que para mí bien podría no ser tan fácil en estos momentos creerle al instituto de investigación tropical Smithsonian en Panamá, cuando afirma que cada minuto desaparece un área de selva virgen amazónica equivalente a cincuenta campos de fútbol.  O aceptar que el 17% de la Amazonía ya ha desaparecido por cuenta de un modelo económico no sostenible.

 Pero lo cierto, es que, pese a lo que a mí me pueda parecer a simple vista, la mayoría de los hombres de ciencia del mundo nos están mostrando indicadores preocupantes acerca del impacto del mayor dióxido de carbono en las condiciones necesarias para la supervivencia de la civilización.

 Ellos nos recuerdan a cada momento, que hay que enfriar un planeta que se está calentando a un ritmo inusual.  Al parecer, el mensaje central de las precauciones actuales es que si fuimos capaces de calentar el planeta, deberíamos ser capaces de enfriarlo.

 No creo que me corresponda en estos momentos, recordar lo que todos sabemos acerca de la necesidad de la reducción de la producción del dióxido de carbono, de la necesidad de reciclar las basuras, de la necesidad de gastar menos energía de origen fósil, de la necesidad de bañarnos rápido y en pareja, de la necesidad de reducir el uso de aires acondicionados, de la necesidad de aprovechar al máximo la luz solar, de la necesidad de no usar mucho el automóvil, etc., etc.

 Y no es porque la vida esté en peligro de desaparecer de la Tierra a causa de ese dióxido de carbono.  Sobre eso no existe actualmente un riesgo serio.

 La vida en la tierra es muy terca.  Al fin y al cabo prosperó sin oxigeno y sin ningún problema, durante sus primeros 2.000 millones de años en nuestro planeta.  De tal manera, que la tenaz persistencia y adaptación de la vida a situaciones extremas hace que el tema central de las preocupaciones por el cambio climático sea por la supervivencia de la civilización humana tal como la conocemos y por el sufrimiento masivo que esto causaría a miles de millones personas.

 Por otra parte, es posible que las poblaciones humanas que habitan actualmente esta selva Amazónica estén mejor preparados para sobrevivir a la calentura actual, sin que podamos saber en este momento si deberán adaptarse - y en qué sentido -, a las nuevas cadenas alimenticias y a las nueva De tal forma, que puede que sean ellos, y no nosotros los citadinos - ni los que vivimos a orillas de los mares, ni los que habitamos en ecosistemas menos sólidos -, los antepasados de una nueva humanidad que persista en la tendencia de contar con un cerebro cada vez más funcional, en la habilidad de hacer herramientas cada vez más útiles, en la capacidad de comunicarnos, en la propensión iniciática, en el disfrute de la poesía, en la construcción de la democracia, en la organización de foros como este, etc., etc. s condiciones climáticas. 

 O también, pueda que nuestros sobrevivientes sean los antecesores de una nueva especie que no sea capaz de repetir una civilización como la que ahora conocemos y solo cuenten, como los delfines, con sistemas básicos de comunicación y socialización.

 A mí me sorprenden mucho las ideas que han surgido para cuidar nuestro hábitat.  Hace poco leía en la edición virtual del diario El País, de España, cinco imágenes muy creativas que me llamaron la atención.

 La primera, es cultivar y abonar el plancton de los océanos para absolver de la atmósfera grandes cantidades de dióxido de carbono con destino a su propia fotosíntesis.  El problema aquí, es que nadie sabe cómo sería el impacto en el ecosistema natural de los océanos.

 La segunda, es simular una erupción volcánica para llevar a la estratosfera millones de toneladas de partículas de dióxido de azufre para evitar que una parte de la energía solar llegara a la tierra.  El problema en esto, es que la capa de ozono se resentiría.

 La tercera, consiste en volver a las nubes más brillantes con el fin de devolver al espacio una gran parte de la luz solar, regándolas con agua de mar para crear innumerables gotas en torno a los granos de sal.  Parece que el alto número de barcos necesarios para ello hace incosteable el proyecto.

 La cuarta, es construir un paraguas espacial muy grande.  Ubicando a un millón ochocientas cincuenta mil kilómetros de la Tierra 16 millones de millones de finísimos discos de silicio que formarían una gigantesca sombrilla planetaria.  El problema de esta idea, es que se necesitan unos 100 años para fabricar los discos necesarios. Y,

 La quinta idea, sería capturar carbono en un programa global para almacenarlo en el fondo del mar donde las altas presiones lo volverían líquido.  En esta iniciativa, el problema es que nadie sabe cuál sería el impacto de esta novedad en la vida marina.

 De todos modos, el economista indio y premio Nobel de la Paz del año 2007, Rajendra Pachauri, advirtió en una entrevista concedida al  periódico francés “Le Monde”, en julio de ese mismo año, que "para contener el alza de las temperaturas  entre 2 y 2,4 grados centígrados, lo que según los estudios es el límite para no ponerse en grave peligro, sólo nos quedan siete años".  Y concluyó que "si las temperaturas siguen aumentando, la penuria de alimentos se agravará".

 En la República de Kiribati, que está conformado por un archipiélago de 33 islas ubicadas entre Hawái y Australia, en la mitad del Océano Pacífico, y en la República de las Maldivas, que integran 1.196 islas del Océano Índico, ya se está analizando con mucha seriedad la compra de territorios en otras partes del mundo para reubicar a sus pobladores, por cuenta del aumento del nivel del mar. 

 Algo que parece estar muy lejano para alguien que, como yo, se mueve entre esa gran matriz de la vida que es el mar Caribe y este poderoso pulmón del planeta que es la selva Amazónica. 

 Sin embargo, todo parece indicar que el aire limpio, el agua limpia, la tierra húmeda, los bosques sanos y la biodiversidad actual, son privilegios en retroceso que serían reemplazados por la sequía y la hambruna como motor y combustible del éxodo de millones de refugiados y nuevas confrontaciones por el acceso y la propiedad del agua y los alimentos.

 Cuando mencionamos la República de Kiribati, tendemos a pensar que es algo muy lejano y aislado, pero cuando recordamos los estragos del Katrina en New Orleans en el año 2005, que colmó de sufrimiento humano nuestras pantallas de televisión, ya lo sentimos como algo más cercano.   Pero en realidad, se trata de dos manifestaciones de una misma amenaza.

 Ahora bien – y es el motivo principal de reflexión al que nos convoca la Gran Logia Oriental del Perú en su trigésimo segundo aniversario –: ¿cuál puede ser el papel al que está llamada la Masonería en esta crisis civilizacional sin precedentes? 

 En principio, pienso que el papel sería el mismo que el de cualquier otra institución formada por hombres y mujeres libres que se reúnen, juntos o por separados, en plena libertad de conciencia y respeto mutuo, a analizar los grandes temas de la humanidad.

  Para ello, nuestras herramientas de diseño y construcción deben ir dirigidas a desbastar nuestras insensibilidades planetarias con el fin de colocarnos, ya no en el lugar del otro, sino, en el lugar de los otros, en el lugar del colectivo y en el lugar de la especie. 

  Y en esto, el tema de la inclusión en medio de la diversidad humana, así como el de la respuesta que damos a esa diversidad, es esencial.  Habría que trabajar en la construcción de la solución medio ambiental a las necesidades de todos las personas, sin ningún distingo y sin exigirle a ningún colectivo adoptar los sistemas de valores de otros.  La opción por la conciencia de la heterogeneidad, es fundamental en cualquier política que se adopte.

 En esta dirección, los Derechos Humanos de tercera generación, es decir los de los grupos y colectivos, podrían ser una fuente adicional de inspiración al momento de dedicarnos a nuestras especulaciones Logiales.  El egregor de la Logia haría su trabajo, como ya lo hizo cuando había continentes que liberar, libertades que declarar, igualdades que reconocer y fraternidades que profesar, y los Masones llevamos estos temas a nuestros Talleres y luego extrapolamos nuestras conclusiones a todo un mundo. 

 Hoy de nuevo la humanidad, ante su mayor reto de supervivencia, nos cuestiona el objeto de nuestras reuniones.

  Es una cuestión que se puede abocar desde la Masonería con una visión tridimensional del problema.  Vale decir, filosófica, sociológica e institucional.

 Filosófica: en cuanto se refiere a la razón de ser, a los valores, y a los fines últimos de la Orden.

 Sociológica: en lo que tiene que ver con el impacto y la eficacia de los hechos Masónicos en la realidad. E,

 Institucional: colocando el acento en lo que pasa en las Obediencias y en los Talleres, en su estructura organizacional, en su orientación ideológica, así como en la ciencia, en la doctrina y en el arte Masónico.

  De allí, la siguiente dimensión de trabajo sería obligatoriamente la extensión y puesta en escena del problema mediante todo tipo de herramientas virtuales, impresas, colegiadas, populares, parlamentarias, individuales, dialógicas, etc.  Este Coloquio que hoy nos reúne es una excelente muestra de ello.

 O sea que, ni más ni menos, podríamos hacer lo mismo que hemos venido haciendo desde siempre e instrumentar el mismo modelo de expansión de los siglos XVII, XVIII, XIX, XX y XXI, con los conceptos de libertad, de igualdad, de fraternidad, de laicidad, del método científico, de la filantropía, de la lucha contra las esclavitudes físicas y sicológicas, del sistema parlamentario, de la república liberal, y de un largo etc. de retos civilizacionales a los que la Masonería ha acompañado, en público y en privado, dentro de las paredes de sus Templos y fuera de ellos, como ninguna otra institución en la historia de la humanidad.

 Yo no creo que haya necesidad de actuar sistemáticamente de manera diferente a como lo hemos hecho en las grandes gestas Masónicas.  Sino, en mi concepto, de redireccionar muchos de nuestros esfuerzos constructivos en la dirección del cambio climático, tal como se hizo en el pasado con las redes Logiales que coadyuvaron con la independencia de América Latina, por ejemplo, o con la efervescencia que desde Francia se propago en relación con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, o con la participación de los Masones que posibilitaron la creación de la Organización de las Naciones Unidas,  para citar unos pocos ejemplos.

 Sin embargo, no podemos desconocer que la experiencia nos ha mostrado que la Masonería en cada sociedad tiene un accionar propio dependiente de la realidad en que opera.  Podríamos citar muchos ejemplos.  El del ingreso de la mujer, es apenas uno, y lo traigo a cuento solo por su vibrante actualidad. 

 No es coincidencia, por ejemplo, que siendo mi país el último de Latino América que le dio el voto a las mujeres, su Masonería sea tan reacia en términos mayoritarios a incorporarlas en igualdad de condiciones con los hombres.  En este tema, como en algunos otros que pertenecen a la sociología, la lógica de la fraternidad, que es el gran elemento aglutinador de la Masonería, así como la bandera de la igualdad, que es de las mayores consignas que ha poseído la Orden, terminan seriamente afectadas. 

 En el tema del cambio climático, que es otra forma de nombrar el calentamiento del planeta, no veo por qué pueda existir una excepción a la regla general de que la sociología suele terminar  imponiéndose en  la Masonería. 

 Yo no soy de los que cree que antes del plazo de siete años otorgados por nuestro Premio Nobel indio para iniciar medidas urgentes, la Masonería universal, en todas sus vertientes y orientaciones, se organizará en un uno y único plan común contra el cambio climático.

 Mis razones son de índole pragmático: la Masonería siempre ha estado dividida en sus aportes a la humanidad y no veo razón práctica a corto plazo para que todas sus partes decidan priorizar el tema del cambio climático por encima del que tópico que vienen trabajando muy bien, y desde el que hacen importantes aportes a la sociedad.

 Por ello, sencillamente, yo convoco a las Grandes Logias que se han vinculado a esta invitación trascendental que nos hace la Gran Logia Oriental del Perú, en su trigésimo segundo aniversario, a colaborar con la edificación de un futuro sostenible para la humanidad en la medida de sus alcances y en el de sus miembros, lo cual, dado los desarrollos tecnológicos actuales en materia de comunicación es mucho más eficiente de lo que nos podemos imaginar a simple vista.

Somos un colectivo de hombres y mujeres libres y de buenas costumbres con una jornada de trabajo por delante y con el único salario prometido de la supervivencia de la civilización humana.

 Nosotros los Masones, somos un poco como la etnia Boras que he venido a conocer personalmente en estas tierras.  Como ellos, vivimos de nuestras tradiciones y en nuestros imaginarios encontramos la inspiración para la construcción de nuestras vías iniciáticas. También como los Boras, nuestros mitos y leyendas, vividos, contados, repasados y comentados en múltiples reuniones, impregnados de la memoria colectiva de la Orden, nos impulsan siempre a la interpretación del presente.

 El Masón francés Víctor Hugo, alguna vez afirmó que “el futuro tiene muchos nombres: para los débiles, es lo inalcanzable; para los temerosos, lo desconocido; y para todos, es la oportunidad.”  Por su parte, el también Masón Antoine de Saint Exupery, autor de “El Principito”, dijo que “el futuro tiene exactamente las mismas dimensiones de los sueños”.

 Confiemos en que, por diversos motivos y oportunidades -  y por que ya las condiciones están dadas y la tarea se ha tornado inaplazable – el trabajo Masónico que emprendemos hoy será excepcional en logros para la humanidad, y en que en este nuevo combate la Masonería tendrá la grandeza de nuestros sueños y la altura de nuestras glorias pasadas.

Muchas Gracias a todos.